Antes de reconocer a Jesús como único y exclusivo Salvador, yo tenía vicios de alcohol y cigarrillos, más cigarrillo que nada. Durante varios años fume cada día “cuatro” cajas de cigarrillos que equivalen a “ochenta” cigarrillos al día.
Mido 5’7 y pesaba menos de 80 libras, era prácticamente un cadáver, por ignorar esas voces Celestiales que me decían “deja de fumar”.
No podía dormir, tenía un insomnio que desgarraba el sueño, no podía tener comodidad en la cama porque de cualquier posición que me acostaba me dolían los huesos.
Ahora ¿Quién sobrevive a “ochenta” cigarrillos al día por varios años uno detrás del otro? Esto tiene un solo nombre, Dios.
Fue fuerte, pero no me rendí, yo solía decir “hoy dejaré de fumar” y botaba todas las cajetillas a la basura, luego de un par de horas buscaba en el zafacón y volvía a fumar.
El apetito se disminuía, ya no me estaba dando hambre. Tenía que durar casi 2 días y medio despierto para que mi cuerpo se cansará y poder dormir algo.
Si tú hermano(a) estás pasando por un vicio, y estás tratando de luchar por dejarlo, mi consejo es que apoyes tu confianza en Dios y que no te des por vencido.
Vale el esfuerzo esperar por Dios, vale cada lágrima, vale cada frustración, todo desánimo.
Dios obra por senderos misteriosos.
Las pruebas más grandes las tienen los guerreros más poderosos de Dios. Mi testimonio da fe, de que hoy gozo de salud y no hay un solo día en que no vea la bendición de Dios en mi vida.
Santiago 1:12
“Bienaventurado el varón que soporta la tentación porque cuando haya resistido la prueba recibirá la corona de vida que Dios a prometido a los que le aman.”
Te hablo no para que tan solo me leas o escuches, sino para que principalmente escuches la voz de Dios. Esto no es solo un papel con un par de letras, esta es mi historia que el pecado me llevó a la muerte y Dios me llevó a la vida.
Voy a ti campeón (a).